Las bibliotecas de todo el mundo están enfrentando una crisis inusitada, ya que sus empleados se ven cada vez más expuestos a situaciones de violencia, abuso y altos niveles de estrés. La tendencia surge a raíz de la expansión de sus servicios y de su papel como lugares de acceso público y apoyo comunitario. En muchos casos, los bibliotecarios no solo ofrecen servicios educativos, sino que también actúan como intermediarios en problemas sociales que incluyen la falta de vivienda, el consumo de drogas y el manejo de trastornos mentales, lo cual ha generado un ambiente laboral desgastante y, en algunos casos, peligroso.
En Estados Unidos, la American Library Association (ALA) ha denunciado un aumento en las amenazas contra bibliotecarios que defienden la diversidad y el acceso a la información, reportando incidentes de acoso por parte de personas que se oponen a ciertos contenidos y programas de inclusión. Este ambiente de hostilidad es especialmente intenso en comunidades donde los bibliotecarios deben mediar en situaciones de confrontación social y política, enfrentando tanto el riesgo de ataques físicos como el agotamiento emocional al gestionar estos desafíos sin los recursos adecuados.
Un estudio reciente realizado por Urban Librarians Unite explora el «trauma laboral» entre los bibliotecarios urbanos, destacando cómo la exposición continua a incidentes traumáticos afecta su salud mental y emocional. La investigación revela que muchos empleados se sienten abrumados y desprotegidos, y el estrés de trabajar en un entorno tan demandante ha llevado a muchos a experimentar síntomas de agotamiento crónico. Estos trabajadores han asumido roles similares a los de los trabajadores sociales, pero carecen de la formación y los recursos para enfrentar estas realidades con seguridad y eficacia.
Los desafíos enfrentados por los bibliotecarios también se exacerbaron durante la pandemia de COVID-19, cuando la presión para proporcionar servicios virtuales y mantener la conexión con las comunidades agravó los niveles de estrés y agotamiento. Algunos bibliotecarios desarrollaron iniciativas para sobrellevar la situación, incluyendo actividades en línea para mantener el contacto con los usuarios. Sin embargo, estas soluciones no lograron mitigar completamente la carga emocional a la que se enfrentaban diariamente, y muchos se sienten desamparados ante la falta de apoyo institucional.

Las organizaciones bibliotecarias están trabajando para establecer protocolos y programas de capacitación que ayuden a los bibliotecarios a manejar estas situaciones y a mejorar su bienestar en el trabajo. La ALA y otras entidades han hecho un llamado a las comunidades para que respalden a las bibliotecas y respeten el rol vital que estas instituciones desempeñan en el fortalecimiento del tejido social. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para garantizar que los bibliotecarios puedan desempeñar sus funciones en un ambiente seguro y saludable.
Este fenómeno ha puesto en relieve la necesidad de revaluar el papel de las bibliotecas en las sociedades modernas y de adoptar medidas efectivas para proteger a quienes trabajan en ellas. Mientras tanto, los bibliotecarios continúan dedicándose a sus comunidades, esperando que estos esfuerzos lleven a un cambio tangible en la manera en que sus labores son valoradas y apoyadas.
Fuente de articulo en ingles: American Libraries Magazine – American Library Association (ALA) – Urban Library Trauma Study (ULTS) por Urban Librarians Unite